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El maĆ­z: cultivo milenario, leyenda mesoamericana e importancia en la agricultura moderna

Campo de maĆ­z
Campo de maĆ­z.

El maíz (Zea mays) es una planta gramínea anual originaria de Mesoamérica, domesticada por pueblos precolombinos hace aproximadamente 12 mil años en la región central de México. Se trata de un cereal de tallo robusto que produce mazorcas (inflorescencia femenina) con hileras de granos comestibles cubiertos por envolturas foliares.

Desde su domesticación temprana, el cultivo de maíz se extendió por todo el continente americano mucho antes de la llegada de los europeos, quienes lo introdujeron en Europa en el siglo XVI. En la actualidad, el maíz destaca como el cereal de mayor producción a nivel mundial, por encima de otros granos bÔsicos como el trigo y el arroz.

Importancia del maĆ­z
Importancia del maĆ­z.

Biológicamente, el maíz es un cultivo de notable capacidad de adaptación. Puede sembrarse en una amplia variedad de climas, suelos y altitudes: se cultiva desde latitudes templadas cercanas a 40° S en Sudamérica hasta zonas boreales de 60° N en CanadÔ. AdemÔs, presenta una fisiología eficiente del tipo C4, con una alta tasa fotosintética que lo convierte en una de las especies cultivadas mÔs productivas del mundo. Su metabolismo le confiere el mayor potencial para producir carbohidratos por unidad de superficie y por día entre todos los cereales. Un solo grano puede generar cientos de granos nuevos en una mazorca, reflejo de su elevada tasa de multiplicación. Gracias a esta productividad y a continuas mejoras agronómicas, el maíz ha sido punta de lanza de revoluciones agrícolas (como la adopción de híbridos) que incrementaron dramÔticamente sus rendimientos a lo largo del siglo XX. En suma, el cultivo de maíz ha pasado de ser un alimento ancestral a constituir un pilar de la agricultura moderna a nivel global.

La leyenda del maĆ­z (origen cultural mesoamericano)

En la cosmovisión mesoamericana el maíz no solo era sustento material, sino también elemento sagrado.

Cultura mesoamericana
Cultura mesoamericana.

Las civilizaciones prehispÔnicas desarrollaron deidades y mitos en torno a este grano, evidenciando su enorme importancia cultural. Cada pueblo veneraba al dios del maíz bajo diferentes nombres y formas, integrÔndolo en sus rituales agrícolas y relatos de creación.

Por ejemplo, la tradición maya narra en el Popol Vuh que los dioses, tras varios intentos fallidos con otros materiales, formaron a los primeros hombres a partir de masa de maíz, otorgando así origen divino a la humanidad. De manera similar, en la mitología mexica (azteca) la Leyenda de los Soles describe cómo el dios Quetzalcóatl tuvo que emprender peligrosas peripecias para obtener los preciados granos de maíz escondidos tras las montañas, a fin de entregarlos a la gente como alimento fundamental. Estas leyendas del maíz resaltan cómo para los pueblos mesoamericanos este cultivo era un regalo de los dioses y la base misma de la vida cotidiana. El maíz ocupaba un lugar central en la dieta, la economía y la identidad colectiva; su ciclo agrícola marcaba festividades y su presencia se reflejaba en el arte, en deidades como Cintéotl o Chicomecóatl y en innumerables relatos transmitidos de generación en generación. En suma, el maíz era (y sigue siendo) mÔs que un simple alimento: era el sustento sagrado alrededor del cual giraban la cultura y la sobrevivencia de las civilizaciones originarias de América.

Importancia del maĆ­z en la agricultura moderna

Hoy en día, el maíz es esencial para la agricultura y la economía global, constituyendo un cultivo estratégico por su volumen de producción, versatilidad de usos y capacidad para sostener la seguridad alimentaria. A continuación, se abordan varios aspectos clave sobre la importancia del maíz en el mundo moderno.

Impacto económico y producción global del cultivo de maíz

La escala de producción del maíz supera a cualquier otro cultivo alimentario. En 2023, la producción mundial de maíz alcanzó aproximadamente 1,241.6 millones de toneladas, cultivadas en alrededor de 208 millones de hectÔreas, con un rendimiento promedio cercano a 5.96 toneladas por hectÔrea. Esta cifra récord refleja décadas de crecimiento: la producción global de maíz se ha incrementado un 256% desde 1992, impulsada por avances en mejoramiento genético, fertilización y mecanización, que elevaron los rendimientos promedio en un 61% en ese período. El maíz se siembra en todos los continentes habitables, y su cultivo genera empleo e ingresos en miles de comunidades rurales.

Países con mayor producción de maíz
Países con mayor producción de maíz.

Los principales paĆ­ses productores —Estados Unidos, China y Brasil— aportan en conjunto mĆ”s del 60% de la cosecha mundial (EE.Ā UU. cerca del 30%, China ~24% y Brasil ~10%), lo que da idea de su peso económico. Este grano es tambiĆ©n uno de los commodities agrĆ­colas mĆ”s comercializados internacionalmente, constituyendo una fuente clave de divisas para grandes exportadores como EE.Ā UU., Brasil o Argentina. En muchas economĆ­as en desarrollo, el cultivo de maĆ­zĀ representa una actividad fundamental: genera empleo en labores de siembra, cosecha, transporte y procesamiento, dinamizando economĆ­as locales. Las cadenas de valor asociadas (producción de forraje, aceites, edulcorantes, biocombustibles, etc.) amplĆ­an mercados y contribuyen al crecimiento industrial. En resumen, el maĆ­z no solo alimenta poblaciones, sino que tambiĆ©n mueve la economĆ­a global, actuando como columna vertebral agrĆ­cola en numerosos paĆ­ses.

Usos alimentarios e industriales del maĆ­z

Los usos del maíz son sumamente variados, abarcando desde la alimentación bÔsica hasta la industria química. A continuación se enumeran sus principales aplicaciones:

Platillos con maĆ­z
Platillos con maĆ­z.

  • Alimentación humana:Ā es un cereal bĆ”sico en la dieta de cientos de millones de personas. Con maĆ­z se elaboran tortillas, arepas, tamales, polenta, cereales para desayuno, entre otros alimentos tradicionales.

    Sus granos, ricos en almidón, aportan carbohidratos complejos como fuente esencial de energía, ademÔs de fibra, vitaminas (ej. Ôcido fólico, vitamina B3) y minerales (magnesio, fósforo). También se extraen productos como aceite de maíz (para cocinar) y edulcorantes; por ejemplo, el jarabe de maíz de alta fructosa se usa ampliamente como endulzante en bebidas y alimentos procesados. En muchas regiones, el maíz nixtamalizado (grano cocido con cal) es transformado en masa para tortillas y otros preparados, mejorando su perfil nutricional al aumentar la biodisponibilidad de niacina.

  • Alimentación animal (forraje):Ā aproximadamente la mitad de la producción global de maĆ­z se destina a la alimentación del ganado y aves de corral. El maĆ­z forrajero, ya sea en grano o ensilado, es la base de dietas para pollos, cerdos y ganado bovino debido a su alta densidad energĆ©tica y buen aporte proteico. Es altamente digerible y palatable para los animales, lo que favorece la eficiencia en la conversión alimenticia (mĆ”s carne, leche y huevos por unidad de alimento ingerido). Gracias al maĆ­z, la producción pecuaria intensiva puede sostener el abasto masivo de proteĆ­nas animales para el consumo humano. Por su abundancia y valor nutritivo, el grano de maĆ­z es ingrediente principal en piensos balanceados, asegurando crianzas mĆ”s productivas y estables.

  • Usos industriales:Ā el maĆ­z es una importante materia prima industrial. Su almidón se emplea en la fabricación de biocombustiblesĀ como el etanol: mediante fermentación, el maĆ­z provee alcohol carburante que se mezcla con gasolina, contribuyendo a fuentes de energĆ­a renovable. Asimismo, derivados del almidón de maĆ­z se utilizan en la industria del papel (como adhesivo y agente de acabado) y en la producción de jarabes, alcoholes industriales y bioplĆ”sticos. Del maĆ­z tambiĆ©n se obtienen insumos quĆ­micos como Ć”cido lĆ”ctico, sorbitol y aminoĆ”cidos usados en alimentos y fĆ”rmacos. Incluso sus subproductos (tusas, hojas) pueden aprovecharse: por ejemplo, en la elaboración de materiales biodegradables, forrajes de invierno o generación de biomasa. Esta versatilidad hace del maĆ­z un cultivo con alto valor agregado, pues de la mazorca prĆ”cticamente todo se aprovecha. Sus mĆŗltiples usos industriales amplĆ­an las cadenas productivas, creando empleos en sectores como el bioetanol, la fabricación de edulcorantes, la industria textil (fibras de maĆ­z) y la manufactura de consumibles (desde cosmĆ©ticos hasta explosivos civiles, donde el almidón actĆŗa como aglutinante).

Innovación y biotecnología en el cultivo de maíz

La mejora cientĆ­fica ha jugado un papel crucial en el Ć©xito moderno del maĆ­z. Desde las primeras variedades hĆ­bridasĀ desarrolladas en el siglo XX hasta los actuales maĆ­ces transgĆ©nicos, la innovación ha permitido superar lĆ­mites de rendimiento y enfrentar desafĆ­os agrĆ­colas. El maĆ­z fue el primer cereal en someterse a mejoras tecnológicas a gran escala, y el impacto de la ciencia ha sido evidente: por ejemplo, la adopción de hĆ­bridos en Estados Unidos a partir de la dĆ©cada de 1930 duplicó y triplicó los rendimientos, fenómeno que luego se extendió globalmente. En aƱos recientes, la biotecnologĆ­a moderna ha introducido caracterĆ­sticas genĆ©ticas antes impensables. Hoy en dĆ­a, en paĆ­ses como EE.Ā UU., la inmensa mayorĆ­a del maĆ­z cultivado es genĆ©ticamente modificado, incorporando genes forĆ”neos que le confieren ventajas agronómicas. Estas variedades OGM (organismos genĆ©ticamente modificados) estĆ”n diseƱadas para resistir plagas (por ejemplo, maĆ­ces BtĀ que producen proteĆ­nas insecticidas contra taladros y gusanos) o tolerar herbicidas (maĆ­z RR resistente a glifosato), reduciendo pĆ©rdidas por malezas y ataques de insectos. Asimismo, se han creado lĆ­neas mejoradas con tolerancia a estrĆ©s hĆ­drico (sequĆ­as) y mejoras nutricionales, como maĆ­ces biofortificados con mayor contenido de proteĆ­nas, vitaminaĀ A u otros micronutrientes esenciales. Los resultados productivos son notables: gracias a la ingenierĆ­a genĆ©tica y al fitomejoramiento avanzado, un maĆ­z moderno de alto rendimiento puede superar fĆ”cilmente las 10Ā toneladas por hectĆ”rea bajo buenas condiciones, cuando una variedad tradicional (criolla) quizĆ”s rendĆ­a 1–2Ā t/ha en promedio. De hecho, expertos seƱalan que en entornos controlados ciertas variedades transgĆ©nicas hĆ­bridas han alcanzado hasta 15Ā t/ha, cifra inimaginable hace algunas dĆ©cadas. AdemĆ”s del incremento en la productividad, la biotecnologĆ­a busca hacer mĆ”s sustentableĀ el cultivo de maĆ­z: por ejemplo, plantas mĆ”s eficientes en el uso de agua y nutrientes, o resistentes a enfermedades, contribuyen a mantener los rendimientos con menor impacto ambiental. No obstante, el despliegue del maĆ­z transgĆ©nico no estĆ” exento de debate (por temas de biodiversidad, mercado de semillas, aceptabilidad del consumidor, etc.), lo que ha llevado a algunos paĆ­ses a restringir su cultivo. Aun asĆ­, la tendencia global indica que la innovación continuarĆ” siendo indispensable para mejorar al maĆ­z frente al cambio climĆ”tico y la creciente demanda alimentaria. En sĆ­ntesis, la biotecnologĆ­a aplicada al maĆ­z ha demostrado ser una poderosa herramienta para garantizar altos rendimientos y estabilidadĀ en la producción, consolidando a este cereal como un aliado para alimentar al mundo de forma mĆ”s eficiente.

El maĆ­z en la seguridad alimentaria global

La relevancia del maíz trasciende lo económico: es una columna vertebral de la seguridad alimentaria mundial. Junto con el arroz y el trigo, conforma la tríada de cereales bÔsicos que sustentan la dieta humana a gran escala.

Cereales bƔsicos
MaĆ­z, Arroz, Trigo.

En muchas regiones y culturas, el maíz es sinónimo de alimento diario. Por ejemplo, en México y Centroamérica, mÔs del 60% de las calorías de la dieta tradicional provienen del maíz a través de preparaciones como tortillas, tamales, atoles y pozoles. En África subsahariana, platos como la harina de maíz (ugali, sadza, nshima) constituyen la base calórica cotidiana. Su alto contenido energético (alrededor de 360 kcal por 100 g de grano seco) y su producción eficiente por hectÔrea hacen del maíz una fuente accesible de carbohidratos para poblaciones de bajos ingresos. Asimismo, provee nutrientes esenciales: aunque deficiente en algunos aminoÔcidos, aporta proteínas vegetales; contiene vitaminas del complejo B, y su combinación con legumbres (frijol, soja) complementa el perfil proteico para millones de personas. En suma, el maíz garantiza una fuente barata y abundante de calorías que ha ayudado históricamente a combatir el hambre y la desnutrición en diversos países.

Igual de importante es el papel del maĆ­z como forraje, el cual asegura la disponibilidad de proteĆ­nas animales (carnes, huevos, lĆ”cteos) a escala masiva. Gran parte de la producción de maĆ­z se transforma en alimento balanceado para ganado: sin maĆ­z no serĆ­a posible la crĆ­a industrial de pollos, cerdos o vacas al nivel requerido para abastecer a las ciudades modernas. Este grano, por su rendimiento y valor nutritivo, permite convertir eficientemente insumos vegetales en proteĆ­na de alta calidad para el consumo humano. Por ello se dice que el maĆ­z tiene una función doble en la seguridad alimentaria: alimento directoĀ para poblaciones y alimento indirectoĀ al sustentar la ganaderĆ­a. Estudios seƱalan que mĆ”s del 40% de la producción mundial de maĆ­z estĆ” dedicada a la alimentación humana directa, evidenciando su rol insustituible para garantizar la dieta global. Al mismo tiempo, a travĆ©s del maĆ­z forrajero, se sostiene buena parte de la oferta mundial de proteĆ­na animal. En definitiva, la disponibilidad y precio estable del maĆ­z impactan directamente en la seguridad alimentaria: cosechas abundantes de maĆ­z se traducen en tortillas asequibles, en piensos económicos y en menores costos para carnes y lĆ”cteos. No es casualidad que las oscilaciones en el mercado del maĆ­z tengan efectos sensibles –como la llamada ā€œcrisis de la tortillaā€Ā en MĆ©xico en 2007, cuando la escasez elevó el precio de este bĆ”sico, o las tensiones actuales en torno a la autosuficiencia de maĆ­z. Por todo ello, los expertos enfatizan la necesidad de mejorar la sostenibilidad y resilienciaĀ del cultivo de maĆ­z (mediante nuevas tecnologĆ­as, diversidad genĆ©tica y buenas prĆ”cticas agrĆ­colas) para salvaguardar la seguridad alimentaria presente y futura.

El maĆ­z se erige como un cultivo estratĆ©gico e insustituibleĀ tanto por su importancia agronómica como por su peso cultural y económico a nivel global. A travĆ©s de milenios, este grano ha pasado de ser la base de civilizaciones antiguas –alimento sagrado en la leyenda mesoamericana y sustento de las primeras sociedades agrĆ­colas– a convertirse en el eje de sistemas alimentarios modernos en todos los continentes. Actualmente, el maĆ­z contribuye de forma fundamental a la alimentación de la humanidad, ya sea directamente en los platos tĆ­picos de innumerables pueblos o indirectamente en la producción de carnes, leches y huevos que nutren a la población mundial. Su versatilidad industrial lo convierte ademĆ”s en materia prima para combustibles, materiales y otros productos que dinamizan economĆ­as. En el plano cultural, el maĆ­z sigue siendo sĆ­mbolo de identidad (por ejemplo, en MĆ©xico es Patrimonio Cultural de la Nación y motivo de festividades anuales) y vehĆ­culo de tradiciones culinarias transmitidas de generación en generación.

Mirando al futuro, el rol del maĆ­z serĆ” aĆŗn mĆ”s estratĆ©gicoĀ ante desafĆ­os como el crecimiento demogrĆ”fico, el cambio climĆ”tico y la necesidad de garantizar la seguridad alimentariaĀ sostenible. SerĆ” crucial fomentar la innovación en su cultivo –nuevas tecnologĆ­as de mejoramiento genĆ©tico, agricultura de conservación, manejo hĆ­drico eficiente– a la vez que conservar la rica diversidad genĆ©tica de sus razas nativas, la cual es fruto de siglos de selección campesina y podrĆ­a ser clave para adaptarse a condiciones cambiantes. En conclusión, el maĆ­z no es solo un cultivo; es la piedra angular sobre la cual se ha edificado buena parte de la agricultura global. Su relevancia cultural y económica, forjada desde tiempos ancestrales hasta la era contemporĆ”nea, asegura que el ā€œgrano de oroā€ continĆŗe siendo un elemento central en la nutrición humana y en el desarrollo agrĆ­cola del planeta.

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