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Tecnología del concreto en México: Propiedades, Innovaciones, Infraestructura y Sostenibilidad

El concreto – también llamado hormigón – es la piedra angular de la infraestructura moderna y en México constituye un pilar fundamental de la construcción. La industria del cemento y el concreto en México produce alrededor de 44 millones de toneladas anuales, siendo una columna vertebral de la economía nacional.

estructura
Arquitectura moderna.

Esta entrada de blog técnica explora las propiedades del concreto, los avances tecnológicos recientes en la tecnología del concreto en México, sus aplicaciones en la infraestructura mexicana, la sostenibilidad en su producción y uso, así como los desafíos actuales que enfrenta la industria del concreto en el país.

Propiedades fundamentales del concreto

El concreto es un material compuesto elaborado con cemento (generalmente Portland), agregados (arena, grava), agua y aditivos según la necesidad. Al fraguar, la pasta cementante endurece y forma una masa resistente semejante a piedra. Las propiedades del concreto son sus características o cualidades básicas que determinan su desempeño. De acuerdo con el Instituto Mexicano del Cemento y del Concreto (IMCYC), las cuatro propiedades principales del concreto son: trabajabilidad, cohesividad, resistencia y durabilidad.

  • Trabajabilidad se refiere a la facilidad con la que la mezcla fresca puede manejarse, transportarse y colocarse en obra sin segregar. Depende de factores como la cantidad de agua, el tamaño y forma de los agregados, el uso de aditivos, la temperatura, etc. Una adecuada trabajabilidad es crucial para lograr un correcto vaciado del concreto en elementos con alta densidad de refuerzo o formas complejas.

  • Cohesividad es la capacidad de la mezcla fresca de permanecer uniforme, evitando la segregación (separación del agregado grueso de la pasta) y la exudación excesiva de agua en la superficie. Un concreto cohesivo asegura homogeneidad en toda la masa.

  • Resistencia mecánica es típicamente la resistencia a la compresión que alcanza el concreto al endurecer (valor de f’c). En México, los concretos estructurales comunes suelen tener resistencias de 250 kg/cm² (25 MPa) en adelante, pudiendo superar los 400 kg/cm² en proyectos especiales. La resistencia depende de la relación agua/cemento, la calidad del cemento y agregados, la edad del concreto y las condiciones de curado, entre otros.

  • Durabilidad es la capacidad del concreto endurecido de resistir condiciones ambientales agresivas y el paso del tiempo sin deteriorarse significativamente. Un concreto durable debe soportar ciclos de humedad y sequedad, ataques químicos (sulfatos, cloruros), abrasión, cambios de temperatura y otros agentes, manteniendo su integridad y desempeño a lo largo de décadas. La durabilidad está ligada a lograr mezclas de baja permeabilidad (baja relación agua/cemento, uso de adiciones puzolánicas, etc.) y a un diseño adecuado considerando el ambiente de exposición.

Otras propiedades relevantes incluyen la densidad, el módulo de elasticidad, la contracción por secado, la fluencia (deformación lenta bajo carga sostenida) y la resistencia a la tracción (baja en el concreto simple, por lo que se complementa con refuerzo de acero). En suma, el concreto ofrece una combinación única de versatilidad en estado fresco (puede adoptar prácticamente cualquier forma) y resistencia en estado endurecido, cualidades que explican su uso masivo en obras civiles alrededor del mundo.

Avances tecnológicos recientes en la tecnología del concreto en México

La tecnología del concreto ha evolucionado aceleradamente en las últimas décadas, y México se mantiene al día con muchas de estas innovaciones. Los avances tecnológicos recientes en concreto buscan mejorar su desempeño, durabilidad y sostenibilidad, así como adaptarse a necesidades constructivas modernas. A continuación, se destacan algunos desarrollos relevantes:

  • Concretos de ultra alto desempeño (UHPC): Son concretos avanzados formulados con agregados finos, altas dosificaciones de cemento, adiciones minerales (sílica activa, escorias) y fibra de acero, alcanzando resistencias a compresión del orden de 120 a 150 MPa, con una ductilidad y tenacidad excepcional. El UHPC presenta una microestructura extremadamente densa (relaciones agua/cemento muy bajas <0.25, a menudo con superplastificantes), lo que le confiere muy alta durabilidad (prácticamente nula porosidad) y resistencia a la flexión y tracción fuera del rango del concreto convencional. Este material, introducido globalmente en años recientes, permite construir elementos esbeltos y ligeros, con secciones reducidas y, en ciertos casos, sustituir parcial o totalmente el refuerzo de acero debido a su ductilidad y resistencia intrínseca. En México, el empleo de concretos de alto y ultra alto desempeño comienza a vislumbrarse en proyectos de infraestructura y edificaciones especiales que demandan largas vidas útiles y mínimo mantenimiento. Un ejemplo histórico de visión de alto desempeño es el Muelle de Progreso (Yucatán), construido desde 1937 con un concreto diseñado para cero mantenimiento por 100 años. En esa obra pionera se empleó concreto de alta durabilidad con mínimo acero (incluso acero inoxidable en partes críticas), lo que ha permitido que más de 80 años después siga en buen estado, validando el concepto de concreto de alto desempeño orientado a durabilidad extrema. Hoy en día, el UHPC y concretos de alto desempeño se estudian para puentes, torres y elementos prefabricados en México, gracias a sus ventajas en resistencia y vida útil.

  • Concreto autorreparable (bio-concreto): Una de las líneas de investigación más llamativas es el desarrollo de concretos capaces de “curar” sus propias grietas de forma autónoma. En México, científicos del Tec de Monterrey han creado un cemento con aditivo de bacterias Bacillus subtilis que, al mezclarse en el concreto, atrapa el CO₂ y lo convierte en carbonato de calcio para sellar fisuras de forma parecida a cómo una herida en la piel genera costra. Este bio-concreto puede cicatrizar grietas pequeñas (1–2 mm) en unas pocas semanas al contacto con la humedad, porque las bacterias depositadas en estado de espora se activan con el agua, consumen nutrientes y CO₂, y precipitan cristales de carbonato de calcio que rellenan la grieta. La incorporación de microorganismos en el concreto no solo ayuda a autorreparar microfisuras, prolongando la vida de las estructuras, sino que también contribuye a capturar dióxido de carbono, alineándose con la sostenibilidad. El reto ha sido “entrenar” a las bacterias para sobrevivir en el ambiente altamente alcalino del cemento, lo cual se logra protegiéndolas en cápsulas o materiales porosos dentro de la mezcla. Este avance, aún en etapa de investigación, podría revolucionar el mantenimiento de estructuras de concreto en México en el futuro, reduciendo costos de reparación.

  • Impresión 3D con concreto convencional: La impresión tridimensional (3D) de elementos constructivos es ya una realidad que promete agilizar obras y reducir desperdicios. En 2024, México logró producir sus primeros elementos estructurales mediante impresión 3D de concreto: la empresa Techint, en colaboración con CEMEX, imprimió 49 trincheras prefabricadas de drenaje pluvial para un proyecto industrial (el Southeast Gateway Project). Este hito involucró el uso de una impresora de gran formato (modelo BOD2 de COBOD) y, lo más notable, el desarrollo de un aditivo especial (D.fab de CEMEX) que permitió usar concreto convencional con agregados locales en lugar de costosos morteros importados. La tecnología de impresión 3D con concreto en México se distingue justamente por incluir agregado grueso en la mezcla, lo que habilita la fabricación aditiva de piezas de mayor volumen y desempeño estructural. Las piezas impresas no requirieron refuerzo de acero, por lo que el diseño estructural tuvo que adaptarse para confiar en la geometría y el material mismo. Este proyecto demostró varios beneficios: fabricación off-site bajo condiciones controladas (mejor calidad y seguridad, sin intemperie), formas optimizadas con menos material, reducción de errores humanos y disminución de la huella de CO₂ gracias a la robotización y la exactitud en el uso de insumos. Se espera que en años próximos esta tecnología se aplique en más regiones y tipos de obra, desde vivienda social hasta infraestructura, marcando un nuevo rumbo innovador en la tecnología del concreto en México.

  • Otras innovaciones: Además de las anteriores, destacan avances como los concretos permeables (permiten el paso del agua, útiles en pavimentos urbanos para recarga de acuíferos), concretos fotocatalíticos (contienen aditivos de dióxido de titanio que en presencia de luz solar ayudan a descomponer contaminantes atmosféricos en las superficies de concreto), y el uso creciente de fibras poliméricas, de vidrio o metálicas para reforzar el concreto (concretos reforzados con fibras que mejoran la tenacidad y controlan fisuración). También la digitalización en la dosificación y control de calidad del concreto – por ejemplo, sistemas automatizados de medición de asentamiento, temperatura y resistencia en tiempo real – está mejorando la consistencia y eficiencia en la producción de concreto premezclado. En México, empresas líderes adoptan sistemas de control computarizado y sensores IoT en plantas y en obra para monitorear el curado. Todo ello apunta a un panorama donde el concreto deja de ser un material tradicional “estático” y se convierte en un material altamente tecnológico, optimizado con ciencia de materiales, biotecnología y herramientas digitales avanzadas.

Aplicaciones del concreto en la infraestructura mexicana

El concreto en infraestructura mexicana juega un papel protagónico, siendo el material predilecto en la construcción de obras civiles por su disponibilidad, economía y durabilidad. En México, cientos de puentes, carreteras, presas, edificios y obras urbanas están hechos fundamentalmente de concreto reforzado, aprovechando su resistencia a la compresión y la capacidad de adaptación a cualquier forma requerida. A continuación se describen algunas aplicaciones y ejemplos relevantes:

 La presa La Yesca en Nayarit-Jalisco (inaugurada en 2012), ejemplo de obra de infraestructura de concreto de alto volumen en México.

  • Carreteras y vialidades urbanas: El concreto hidráulico es ampliamente utilizado en autopistas de alto flujo, pavimentos urbanos y carreteras federales que requieren larga vida y alta resistencia a cargas pesadas. Un caso emblemático es la Autopista Urbana Norte en la Ciudad de México – un viaducto elevado de 9 km que alivia el tráfico del anillo periférico. Esta obra se construyó con elementos prefabricados de concreto postensado de alto rendimiento, lo que aceleró su construcción y minimizó interrupciones al tránsito. Las columnas, trabes y losas de esta vía fueron diseñadas con concreto de alta resistencia capaz de soportar cargas pesadas, variaciones térmicas y la vibración constante del tráfico, garantizando una vida útil de varias décadas con mínimo mantenimiento. La Autopista Urbana Norte ha sido reconocida por demostrar cómo el concreto puede resolver desafíos de infraestructura en entornos urbanos densos, integrándose de forma esbelta y funcional al paisaje de la ciudad. Asimismo, muchas autopistas interurbanas en México, como tramos de la México-Querétaro o la Guadalajara-Colima, cuentan con pavimentos de concreto hidráulico por su durabilidad frente al intenso tráfico de camiones. Aunque su inversión inicial es mayor que la del asfalto, el concreto reduce costos de mantenimiento a largo plazo.

  • Puentes y estructuras especiales: Gran parte de los puentes vehiculares y peatonales en México son de concreto reforzado o concreto presforzado (postensado), debido a que este material permite construir vigas y dovelas de gran capacidad y longitud. Ejemplo notable es el Puente Baluarte (entre Durango y Sinaloa), uno de los puentes atirantados más altos del mundo, en el cual las pilas y elementos estructurales principales son de concreto de alta resistencia para soportar su impresionante altura y las cargas sísmicas y de viento de la región montañosa. Otro ejemplo es el sistema de viaductos urbanos como el Viaducto Bicentenario en el Estado de México, donde igualmente se emplearon secciones prefabricadas de concreto presforzado para lograr una construcción rápida sobre una vía existente. Estos proyectos evidencian la confiabilidad del concreto para formas esbeltas y resistentes.

  • Presas y obras hidráulicas: México cuenta con numerosas presas importantes (como El Cajón, Malpaso, Infiernillo, etc.), muchas de ellas construidas total o parcialmente en concreto. En particular, la Presa La Yesca (entre Nayarit y Jalisco) es una de las más grandes de su tipo (enrocamiento con cara de concreto) con una cortina de concreto de 208 metros de altura que forma parte de un proyecto hidroeléctrico mayor. La cara de concreto de la presa garantiza la impermeabilidad del embalse, resistiendo la presión hidrostática y protegiendo el núcleo de enrocamiento. Las presas de concreto deben diseñarse cuidadosamente para controlar la generación de calor de hidratación (en elementos masivos) y evitar la fisuración, usando técnicas como enfriamiento interno o concreto rodillado en capas. Estas monumentales estructuras muestran el uso del concreto a gran escala, manejando volúmenes de material de millones de metros cúbicos. Su éxito en México se refleja en la seguridad hídrica y energética provista por décadas.

  • Edificios de gran altura e infraestructura urbana: En edificaciones, el concreto es el material predominante para los sistemas estructurales en México, particularmente en edificios altos y construcciones en zonas sísmicas. Un ejemplo destacado es Torre Reforma en la Ciudad de México (244 m de altura), que posee una innovadora estructura mixta donde muros gigantes de concreto reforzado conforman la espina principal del rascacielos, proporcionándole la resistencia lateral ante sismos. Estos muros de concreto de alta resistencia, visibles en fachada, actúan como enormes amortiguadores sísmicos junto con elementos de acero, demostrando que el concreto puede emplearse en edificaciones esbeltas y sísmicamente seguras. En general, muchos rascacielos y edificios corporativos modernos en México (Torre Mayor, Torre KOI, Torre BBVA, etc.) utilizan concreto de altas especificaciones (f’c > 600 kg/cm² en algunas columnas) y diseños que maximizan la ductilidad (por ejemplo, detallado sismo-resistente de conexiones, uso de núcleos de concreto). A nivel de infraestructura urbana, estaciones de metro, distribuidoras viales, pasos a desnivel, estacionamientos subterráneos e incluso monumentos (como la Estela de Luz) se construyen con concreto armado. Su versatilidad constructiva permite crear formas arquitectónicas complejas – desde las curvas del Museo Soumaya (que tiene un esqueleto de concreto) hasta las bóvedas y domos de grandes centros comerciales – y al mismo tiempo cumplir con las estrictas normas estructurales de México.

En síntesis, el concreto está presente en prácticamente todas las obras de infraestructura mexicana, ofreciendo la robustez necesaria para autopistas y puentes, la masividad requerida en presas y cimentaciones, y la flexibilidad para adoptar formas arquitectónicas en edificios. Su papel en la conectividad y desarrollo del país es insustituible, y conforme evolucionan las necesidades (mayor urbanización, demanda energética, transporte masivo, etc.), el concreto seguirá adaptándose mediante nuevas tecnologías para seguir siendo el material predilecto en México.

Sostenibilidad en la producción y uso del concreto

La sostenibilidad del concreto se ha convertido en un tema central a nivel mundial y México no es la excepción. Por un lado, el concreto contribuye al desarrollo sostenible mediante estructuras durables y seguras; pero por otro lado, la producción de cemento (principal componente del concreto) tiene un impacto ambiental significativo. La industria cementera es responsable de aproximadamente 7–8% de las emisiones globales de CO₂, siendo el cemento el material más consumido en el mundo después del agua. En México, se estima que la industria de la construcción (incluyendo producción de materiales como cemento) genera hasta el 50% de las emisiones contaminantes nacionales. Esto se debe principalmente a que la fabricación de clínker (el componente base del cemento) libera CO₂ tanto por la quema de combustibles fósiles en los hornos como por la descarbonatación química de la caliza (aproximadamente 600 kg de CO₂ por tonelada de clínker producido). Reducir la huella de carbono del concreto es por tanto uno de los mayores desafíos ambientales de la industria.

Frente a esta realidad, en México las empresas cementeras y concretaras están adoptando múltiples estrategias de sostenibilidad:

  • Cementos y concretos bajos en carbono: Los principales productores han lanzado líneas de productos ecológicos. Por ejemplo, CEMEX introdujo en 2022 su gama Vertua de concretos con bajas emisiones de carbono, logradas mediante la reducción del contenido de clínker (reemplazos cementantes como ceniza volante, escoria de alto horno, puzolanas naturales) y el uso de aditivos plastificantes avanzados para mantener la resistencia. Holcim México desarrolló cementos ECOPlanet y concretos ECOPact, que reducen el CO₂ incorporado en un 30–65% respecto a mezclas tradicionales. De hecho, en cuatro años Holcim logró mitigar 1.7 millones de toneladas de CO₂ con su línea ECOPlanet, y concretos verdes como ECOPact ya constituyen el 25% de sus ventas en México. Un caso de aplicación es la Presa Libertad (Nuevo León), donde el uso de concreto bajo en carbono supuso un ahorro de ~80,000 toneladas de CO₂ emitido, contribuyendo a una obra hidráulica más sostenible. Asimismo, la Torre Moranta (edificio de oficinas en Monterrey) se convirtió en el primer proyecto en México construido al 100% con concreto ECOPact, logrando evitar la emisión de 1,520 toneladas de CO₂. Estos ejemplos demuestran que es posible hacer infraestructura con menor huella ambiental sin sacrificar desempeño.

  • Mejoras en el proceso industrial: Las cementeras en México se han comprometido con hojas de ruta de descarbonización a 2030 y 2050. Por ejemplo, CEMEX estableció metas ambiciosas como bajar sus emisiones a 475 kg CO₂/ton de cemento para 2030 (una reducción de >40% vs 1990) y limitar las emisiones de sus concretos a 165 kg CO₂/m³ en promedio. Para lograrlo, está invirtiendo en diversas tecnologías: mayor uso de combustibles alternos con biomasa y residuos (disminuyendo el consumo de combustibles fósiles en hornos), inyección de hidrógeno en el proceso de combustión (para mejorar eficiencia y reducir el factor clinker), desarrollo de clínker de baja temperatura de calcinación, uso de materias primas descarbonatadas (por ejemplo arcillas calcinadas que requieren menos energía que la caliza) y cementos con mayor contenido de adiciones puzolánicas. Estas medidas, junto con la optimización energética de plantas e implementación de energías renovables, buscan transformar la fabricación de cemento en un proceso más limpio. Las compañías también exploran la captura, uso y almacenamiento de carbono (CCUS) de gases de combustión, aunque estas tecnologías aún están en fase piloto y con costos elevados. Cabe mencionar que la producción de concreto en sí también ofrece oportunidades de mitigación: por ejemplo, ciertas tecnologías como CarbonCure (inyectar CO₂ en el concreto fresco durante el mezclado) se están estudiando para que el propio concreto secuestre carbono en su proceso de fraguado.

  • Economía circular y reciclaje: Otra estrategia clave es fomentar la reutilización de materiales y el reciclaje dentro de la industria del concreto. En México se incentiva el uso de agregados reciclados provenientes de la trituración de concreto de demoliciones, para emplearlos en nuevos concretos no estructurales (ej. bases de pavimentos, rellenos, o concreto para banquetas). También, empresas como Holcim reportan programas para triplicar el reciclaje de residuos de demolición en sus procesos, sustituyendo materias primas vírgenes por materiales reciclados. Asimismo, se promueve el coprocesamiento de desechos industriales (escorias metalúrgicas, cenizas de termoeléctricas, etc.) como adiciones cementantes, reduciendo desechos en vertederos y disminuyendo el contenido de clínker por metro cúbico de concreto. Un caso interesante es la investigación en el uso de cenizas de biomasa agrícola (como la ceniza de cascarilla de arroz, bagazo de caña, etc.) como puzolana suplementaria; estos subproductos pueden reemplazar parcialmente al cemento Portland, reduciendo emisiones y a la vez mejorando la durabilidad del concreto. Todo ello se enmarca en un enfoque de economía circular, donde los residuos de una industria se convierten en insumos de otra, minimizando la huella ambiental total.

  • Concretos permeables y soluciones urbanas: En el uso del concreto, la sostenibilidad también implica diseñar estructuras que interactúen mejor con el medio ambiente urbano. Los concretos permeables, por ejemplo, son mezclas porosas que permiten infiltrar el agua de lluvia en el subsuelo en lugar de escurrirla totalmente a los drenajes. Esto ayuda a recargar acuíferos y mitigar inundaciones en ciudades; varias ciudades en México han comenzado a implementar pavimentos permeables en estacionamientos, andadores y parques. Otra innovación son los pavimentos fotocatalíticos en vías urbanas con mucho tránsito: al adicionar nanopartículas de TiO₂ en la superficie de concreto, se aprovecha la luz solar para descomponer óxidos de nitrógeno (NOx) y otros contaminantes vehiculares, mejorando la calidad del aire. Si bien estas tecnologías aún se adoptan de forma limitada, apuntan a un concreto que contribuye activamente a ciudades más limpias y resilientes.

En resumen, alcanzar un concreto más sostenible implica actuar en toda la cadena de valor: desde emplear materiales y combustibles alternativos en la producción de cemento, optimizar mezclas de concreto con menor huella de CO₂, hasta diseñar estructuras durables que requieran poco mantenimiento (extendiéndose su vida útil) y que eventualmente puedan reciclarse. El movimiento hacia la sostenibilidad en el concreto mexicano ha cobrado fuerza en años recientes, alineado con compromisos internacionales de reducción de emisiones y con políticas nacionales que fomentan edificaciones verdes. Aunque persisten retos tecnológicos y económicos – por ejemplo, algunos cementos bajos en carbono aún son más costosos, o ciertas tecnologías (CCUS, hidrógeno) no están completamente maduras – la industria está aprovechando la “gran oportunidad tecnológica” de innovar para crecer competitivamente con concreto más verde.

Desafíos actuales de la industria del concreto en México

A pesar de los avances mencionados, la industria del concreto en México encara importantes desafíos en el contexto actual y futuro cercano. Algunos de los retos más destacados son:

  • Descarbonización y costos: El mayor desafío global es, sin duda, la necesidad de reducir drásticamente las emisiones de CO₂ asociadas al concreto. Para la industria cementera nacional, esto significa inversiones sustanciales en modernizar plantas, cambiar procesos y posiblemente incurrir en mayores costos de producción. Un reporte de McKinsey señala que muchas tecnologías de descarbonización (captura de carbono, nuevos procesos) “aún no son técnica ni económicamente viables” o están en fases piloto, por lo que el camino hacia la neutralidad de carbono será costoso y de largo plazo. Además, se espera que iniciativas regulatorias o de mercado (como impuestos al carbono o exigencias de materiales con menor huella) se vuelvan más estrictas, empujando a la industria a adaptarse rápidamente. Un aspecto interesante es que, a medida que se busca emplear menos concreto por estructura (por diseños optimizados o uso de otros materiales) para reducir emisiones, podría haber en el futuro una menor demanda de volumen de cemento y concreto. Las empresas deberán entonces ajustar sus modelos de negocio para seguir siendo rentables produciendo concreto más “verde” pero quizá en menores volúmenes y a mayor costo unitario. La clave estará en la innovación para producir de forma más limpia sin disparar precios, y en la colaboración con el gobierno para establecer normas de construcción sostenible que vayan de la mano con incentivos.

  • Competencia global y materia prima: México es un exportador importante de cemento (principalmente a EE.UU. y Latinoamérica), pero enfrenta competencia de grandes multinacionales y productores de Asia con costos potencialmente más bajos. Para mantener competitividad, la industria local debe incrementar su eficiencia operativa. Asimismo, garantizar el suministro de materias primas de calidad es vital: la disponibilidad de agregados naturales cercanos a los centros urbanos se reduce con el tiempo (lo que obliga a traer grava y arena de mayores distancias, aumentando costos). La escasez de agua en algunas regiones del país también puede limitar la producción de concreto, presionando a usar agua reciclada o aditivos reductores de agua. El reto de materia prima implica planear con visión de largo plazo la explotación sostenible de bancos de agregados, y desarrollar agregados alternativos (por ejemplo, usar arenas manufacturadas de trituración, o reciclar concreto) para no depender exclusivamente de recursos vírgenes.

  • Calidad y mano de obra especializada: Aunque el concreto es un material bien conocido, la calidad en su producción y colocación no siempre es uniforme. Persisten casos de malas prácticas en obra: dosificación incorrecta, curado insuficiente, vibrado inadecuado, etc., que derivan en patologías prematuras (fisuras, baja resistencia, corrosión acelerada del acero). Un desafío es elevar la capacitación de los trabajadores y técnicos en el manejo del concreto, sobre todo ante la introducción de tecnologías nuevas (ej. concretos autocompactantes, aditivos especializados). El IMCYC y otras instituciones ofrecen diplomados y cursos en tecnología del concreto en México para mitigar este punto, pero se requiere mayor difusión de la cultura de calidad. Adicionalmente, la escasez de mano de obra calificada en la construcción puede agravarse, por lo que la industria podría tener que automatizar más procesos (prefabricación en planta, impresión 3D, etc.) para asegurar resultados consistentes.

  • Infraestructura resiliente y mantenimiento: México, por su geografía, está expuesto a sismos fuertes, huracanes e intensas lluvias. Las estructuras de concreto deben responder a exigencias de resiliencia cada vez mayores. Las normas mexicanas (como el Reglamento de Construcción de la CDMX y sus Normas Técnicas Complementarias) se actualizan periódicamente para incorporar lecciones de terremotos y otros eventos; sin embargo, muchas estructuras antiguas de concreto fueron diseñadas con códigos menos estrictos. Un desafío es rehabilitar y reforzar la infraestructura existente (edificios, puentes) para cumplir los estándares modernos de seguridad. Por ejemplo, tras el sismo de 2017 se intensificaron evaluaciones de edificios de concreto y se implementaron reforzamientos con elementos adicionales o fibras de carbono en columnas. En cuanto al mantenimiento, si bien el concreto requiere relativamente poco comparado con otros materiales, su deterioro en ambientes agresivos (costeros, industriales) demanda atención. La corrosión de la armadura es la principal amenaza a la durabilidad; la industria debe fomentar prácticas de mantenimiento preventivo (revisiones periódicas, recubrimientos protectores, reparaciones menores) antes de que los daños sean críticos. Implementar programas de gestión de activos para puentes y obras civiles de concreto ayudará a anticipar intervenciones y extender la vida útil de las estructuras, lo cual en sí es una estrategia sustentable (maximizar la vida de lo ya construido).

  • Transformación digital e innovación continua: Por último, en un mundo cada vez más tecnológico, la industria del concreto en México enfrenta el reto de modernizarse para aumentar su productividad. La adopción de sistemas digitales de gestión, modelado BIM para obra civil, sensores IoT en concretos (para monitoreo de resistencia in-situ), entre otros, va lenta pero en ascenso. Un ejemplo lo brinda la empresa mexicana Concreco, que implementó un sistema ERP integrado para gestionar desde la producción hasta la logística de entrega de concreto, logrando optimizar sus operaciones en un 50% y reduciendo tiempos y errores significativamente. Este caso evidencia que la digitalización puede impulsar la competitividad al eficientar procesos tradicionales. Sin embargo, muchas empresas medianas y pequeñas del sector aún no invierten en estas tecnologías. El desafío es convencer a todos los actores – incluyendo proveedores de materiales, contratistas y dependencias públicas – de las ventajas de la construcción 4.0 aplicada al concreto: con datos en tiempo real, mejor control de calidad, trazabilidad y coordinación en obra. La innovación también debe permear la cultura corporativa; la industria del concreto suele ser conservadora, pero ante los cambios de mercado (sustentabilidad, nuevos materiales, demanda variable) quien no innove podría quedarse rezagado.

La industria del concreto en México se encuentra en una etapa crucial: por un lado, es más relevante que nunca para soportar el crecimiento e infraestructura del país (con pronósticos de aumento moderado en demanda de cemento gracias a inversión en infraestructura y nearshoring); pero por otro lado, debe transformarse para ser más sostenible, eficiente y resiliente. Los desafíos actuales requieren colaboración entre academia, gobierno y sector privado para desarrollar las soluciones del mañana – desde concretos más ecológicos hasta sistemas constructivos más seguros y productivos. La buena noticia es que el concreto, con más de 150 años de uso extensivo, ha demostrado ser un material sumamente adaptable. Con ciencia, tecnología e ingenio mexicano, seguirá evolucionando para construir el futuro de manera responsable.

El concreto ha sido y seguirá siendo el material protagonista de la construcción en México. Sus propiedades únicas de trabajabilidad en estado fresco y robustez en estado endurecido le han dado un lugar indiscutible en la infraestructura mexicana, desde carreteras y puentes hasta rascacielos y presas. Hoy en día, la tecnología del concreto en México avanza de la mano con la innovación global: se desarrollan concretos de ultra alto desempeño, mezclas autorreparables con biotecnología, métodos de impresión 3D y otras técnicas vanguardistas que aumentan las capacidades de este material milenario.

Al mismo tiempo, existe una fuerte conciencia de sostenibilidad del concreto: la industria se ha embarcado en reducir la huella de carbono, optimizar el uso de recursos y hacer sus procesos más amigables con el medio ambiente. México está adoptando cementos y concretos bajos en carbono, reciclando materiales y buscando alinear el sector de la construcción con las metas climáticas internacionales, lo que evidencia responsabilidad y visión de futuro.

Por último, se han identificado los desafíos actuales que van desde la imperante necesidad de descarbonización y modernización digital, hasta asegurar la durabilidad y resiliencia de las estructuras. Enfrentar estos retos demandará inversión en I+D, actualización de normativas, capacitación de personal y una colaboración estrecha entre todos los actores de la industria de la construcción.

En síntesis, el panorama para el concreto en México es de evolución continua. Con tecnología y sostenibilidad como ejes, el concreto seguirá siendo el cimiento sobre el cual se construye el progreso nacional, adaptándose a las necesidades de las próximas décadas sin perder sus cualidades esenciales. Ingenieros, arquitectos y técnicos están llamados a liderar esta transformación, para que el concreto mexicano sea sinónimo de calidad, innovación y respeto al medio ambiente en el mundo de la construcción.

Referencias Bibliográficas

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  10. Motor a Diesel (2025). “Industria del concreto en México: cómo la transformación digital impulsa la competitividad”. Motoradiesel.com, publicación de enero 2025.

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